Raíces y Evolución de los Instintos Humanos
Muchos creen que, a medida que maduramos, nuestros instintos sufren una profunda transformación: desde manifestaciones muy marcadas en los juegos infantiles hasta una actividad mínima en la edad adulta. La base de este punto de vista es la idea de que los impulsos tempranos, inherentes a cada niño, se van suprimiendo gradualmente mediante la socialización y el desarrollo de mecanismos conscientes, sustituyéndose por acciones deliberadas y reflejos. Este enfoque explica por qué el comportamiento adulto suele estar determinado por respuestas racionales y controladas, dominadas por señales básicas de autoconservación y, en ciertos casos, la reacción maternal de preocupación.Sin embargo, a pesar de esta aparente paradoja, muchos científicos sostienen que las raíces de la respuesta instintiva están arraigadas más allá de la conciencia y continúan influyendo en nuestras decisiones y reacciones. Aunque externamente se desarrolle un mecanismo consciente, los impulsos originales no desaparecen por completo, sino que se convierten en parte de un sistema complejo en el que la experiencia ancestral se entrelaza con normas culturales y sociales. Es esta síntesis la que hace que la psicología humana sea tan única y compleja.La conclusión es que los instintos en el adulto no son una característica perdida, sino un mecanismo evolucionado que ayuda a orientarnos en un mundo cambiante, manteniendo la conexión con nuestras raíces primitivas y, al mismo tiempo, permitiendo un control consciente del comportamiento.¿Cómo se explican las causas de la creencia extendida de que el ser humano carece de instintos?La creencia generalizada de que el adulto prácticamente carece de instintos se basa en una serie de teorías psicológicas que distinguen claramente el comportamiento infantil del adulto. Según una perspectiva conocida, las manifestaciones del comportamiento instintivo son muy evidentes en la infancia y, a medida que ocorre la socialización y el desarrollo de la conciencia, muchos de estos impulsos "desaparecen" o son suprimidos. En particular, la teoría del juego sugiere que los juegos infantiles están destinados a identificar y, posteriormente, extinguir los instintos, lo que lleva a la opinión de que en la madurez solo permanecen los básicos —el instinto de autoconservación y el instinto maternal.Así, la creencia de que el ser humano no posee instintos se relaciona con la observación de que el comportamiento adulto se define a través de otros mecanismos, a menudo más conscientes, y de que los impulsos instintivos de la infancia solo dejan una huella, para luego dar paso a procesos complejos de control consciente.Supporting citation(s):"Si nadie niega el hecho de que el niño posee una gran cantidad de instintos, tampoco es menos cierto que muchos psicólogos creen que en el adulto los instintos juegan un papel casi insignificante. Fue a partir de esta perspectiva que surgió la ya conocida teoría del juego, según la cual los juegos sirven para identificar los instintos, que posteriormente deben desaparecer. Los psicólogos que sostienen esta posición no ven en los adultos ningún instinto, salvo dos: el de autoconservación y el instintivo maternal. Pero este punto de vista, como fue señalado inicialmente por James, no puede sostenerse; el concepto de instinto, como base para reacciones apropiadas definidas por impulsos internos, aunque ascendentes a la conciencia, están arraigados más profundamente en ella, y es absolutamente necesario." (fuente: 1348_6739.txt, página: 97)
